
El mismo lugar, la misma mesa
el café negro, y el pan francés.
Saca su libreta y anota ideas
al azar pero con delicadeza.
Escribe para su amor idealizado
su fiel dulcinea.
Esta vez fue algo sencillo:
"Un abrazo, tal vez algo bonito, como palabras y caricias,
tal vez alguien que lo desee, tal vez alguien que lo quiera dar,
tal vez tu y yo nos encontremos, tal vez nuestros corazones no mienten,
porque cuando se encuentren se dejaran llevar,
donde el viento los lleve a su lugar, donde se quedaran,
hasta que ya nada más se pueda tornar,
porque aun buscamos encontrarnos para jamás olvidar"
Se levantó de su lugar, abrió la puerta se despidió, salió a la calle suspiró, imaginó, cerró los ojos y continuó, camino a su hostal y pisó goma de mascar.
Las palabras de la libreta
las dedique hace no mucho,
mi especie de poema,
pareció encantar, y aun puedo más.
GUILLERMO.